viernes, 15 de junio de 2007

Ciutadans mata a Sócrates: ¿hay democracia sin libertad?


Quisiera no tener que escribir estas palabras, pero no puedo no hacerlo. Los hechos acontecidos durante los últimos meses, no permiten un margen para la esperanza. Ciutadans, está siendo destruido desde dentro, por medio de una implosión más o menos controlada, organizada por sus dirigentes. Expongo mis argumentos.

Nadie puede ser tan torpe como para imponer en su partido tantos errores políticos, organizativos y estratégicos y no rectificar, ni hacer tan siquiera la más mínima autocrítica. Y quienes dirigen el partido, no desconocen la realidad, ni han sido tan absolutamente nefastos en otras ocasiones de sus vidas, por lo que deduzco que su intención no expresada es la de concluir con el proyecto.

Un partido político como Ciutadans que alardea de promover comportamientos éticos para regeneración de la política española, debe ser transparente y Ciutadans no lo ha sido. Debe funcionar con criterios de justicia, pero esto se ha impedido o tratado de impedir. Sus cuentas deben ser diáfanas, y nadie más que los que manejan el cotarro conoce nuestra realidad económica.

Una organización política que reúne a militantes comprometidos con la democracia y la libertad, no puede ser autoritaria, oscurantista, personalista, no participativa, extremadamente jerárquica, cerrado a los cambios, sectaria, infrarepresentativa, dócil, espuria, inane, cómoda a las demás formaciones políticas, y pasar desapercibida la mayor parte del tiempo, aún ante una demanda pública manifiesta, y sedienta de sus propuestas.En estas condiciones los militantes no pueden tener esperanza en el futuro, salvo que comulguen con ruedas de molino anaranjadas.

Pero no han sido las fuerzas externas las que han acabado con la vida Ciutadans, sino las organizadas dentro del partido. Una dirección con hábitos dogmáticos en un partido laico y un sector crítico suficientemente harto de que le tomen el pelo los políticos, para que se lo permitan a sus representantes.

La oportunidad de la existencia política de Ciutadans se ha dejado pasar, porque alguien lo ha decidido. Quien haya sido sabía perfectamente que era lo que iba a ocurrir, ¿cómo iba a pensar que los Ciutadans eran dóciles como ovejas, si precisamente llegaron aquí huyendo del adocenamiento?.

Todavía recuerdo las palabras de Antonio Robles, tras la victoria del 1 de noviembre de 2006, no se han borrado de mi memoria: “ahora debemos procurar no morir de éxito”. ¿A quién se le ocurre hablar de muerte, en el momento más exultante de la existencia de nuestro partido?, pues a alguien que conoce de antemano las posibilidades vitales del recién nacido, que vienen determinadas por su organigrama preconcebido, el que solo permite para Ciutadans ser un apéndice alternativo a disposición de los intereses del PSC.

En el caso de Albert Rivera, “que solo se representa a sí mismo”, los factores que impiden el desarrollo óptimo de nuestra formación política provienen de su extrema ambición y su inexperiencia, que le han impedido delegar, debatir, abrir el poder al partido posiblemente por temor a que otros sectarismos que conocía se acabaran implantando.

Alguien que no quiere que el partido salga adelante, le aconseja convertirse en “emperador” del proyecto: “ciutadans, soy yo”. Se aísla con su corte personal del resto del partido y trata de implantar un sistema presidencialista anacrónico, al que se oponen inmediatamente los militantes más realistas y racionales de Ciutadans.

El problema que tiene Ciutadans en estos momentos no tiene solución, muchos han preferido ausentarse para ver desde la grada el final del partido, otros hemos decidido quedarnos y hacer frente a tanta mediocridad, y a un poder totalitario solo se le puede hacer frente desde el anonimato, que es la única forma de evitar la expulsión del partido.

Hace meses que en los foros del partido numerosos militantes llevan denunciando la situación que hemos vivido, y ni una sola vez, ni el presidente, ni el secretario, han dado la cara para responder a las críticas. ¿No es esto suficiente prueba de su desentendimiento con lo que opinan sus compañeros?.

En un partido laico no suelen ocurrir milagros, por lo que nuestro futuro es más precario que el de un paracaidista sin paracaídas. Quizás el clima de crispación latente y tenso que se vive en Cataluña, haya influido en nuestro presente. Pero el mayor error cometido, Napoleón bien lo sabía, ha sido tener detenido a un ejército de veteranos ante el enemigo, porque el Estado Mayor no ha querido decidirse a atacar por ningún sitio.

Ciudadano Ubú ha llegado hasta la comisaría para defender los derechos de todos los militantes de este partido, fundamentalmente los de los más perseguidos y excluidos desde el poder, los expulsados, los ninguneados, los anónimos, los expedientados ilegalmente, los que protestaban, los que se han quedado callados ante tanta barbaridad, y los que han terminado yéndose, más o menos discretamente. Ciudadano Ubú respeta a las personas, pero es inflexible con los que detentan el poder.

Ciudadano Ubú, hablará en el próximo congreso por la voz de algún representante, y dirá una vez más lo que piensa y lo que siente. Sócrates fue condenado a suicidarse con cicuta, tras la acusación de Asebeia* de Anito, Melito y Licón, tres pesebristas apoltronados y molestos, que la historia recuerda por su ignominia.

Sócrates se defendió a sí mismo y en tono sarcástico, se impuso como pena vivir en el Plitaneo (casa de lujo exclusivamente para héroes). Sócrates no tenia ninguna ilusión por mantener la vida. Muere pudiendo haber huido. Prefiere morir por sus ideales, para salvaguardar su honor.

Más tarde Jesucristo murió crucificado, Martín Luther King, y Gandhi fueron asesinados por defender sus ideas, John Lennon por cantarlas, a Albert Boadella le hicieron un consejo de guerra y a Ciudadano Ubú, le han denunciado en una comisaría.

Realmente es cierto que hemos avanzado socialmente y progresado de forma extraordinaria. Ahora la defensa de la libertad no te conduce directamente a la cárcel o la muerte.

Maestro Boadella, debemos un gallo** a Esculapio, no te olvides de pagar esta deuda.

Ciudadano Ubú
Uno más de la corriente zanahoria


*Asebeia: término griego que hace referencia al delito de impiedad o falta de devoción hacia los dioses de la religión del estado ateniense. Por cometer este delito fueron acusados Anaxágoras, Protágoras, Sócrates y Aristóteles. La impiedad entendida en un sentido amplio, esto es, como irreligiosidad, caracteriza al racionalismo filosófico por ser éste incompatible con la aceptación de verdades alcanzadas desde fuentes como la fe o la revelación

**El gallo de Sócrates, por Leopoldo Alas Clarín.